Consumismo
Consumismo
En la actualidad, la económica se encuentra en constante transformación. Cada vez es más evidente que los fenómenos que antes se reducían a simples transacciones comerciales han adquirido una dimensión social, cultural y psicológica. La globalización, la digitalización de los mercados y la expansión del crédito han cambiado la forma en que las personas interactúan con el dinero y los bienes. Sin embargo, entre todos estos cambios, hay un fenómeno que destaca por su impacto en la vida cotidiana, el consumismo.
El consumismo no es simplemente una actividad económica, sino un fenómeno social profundamente arraigado en la identidad y la estructura de clases. Según el artículo de investigación de Rodríguez Díaz y Susana , el consumismo es definido como una dinámica central en la vida social, especialmente en la actualidad, donde el consumo de mercancías no necesarias para la supervivencia se ha convertido en un eje fundamental de las sociedades avanzadas.
Paul Ekins (1991) lo describe como “aquella sociedad en la que la posesión y el uso de un número y variedad creciente de bienes y servicios constituyen la principal aspiración de la cultura y se perciben como el camino más seguro para la felicidad personal, el estatus social y el éxito nacional”. De manera similar, Adela Cortina (2002) señala que la sociedad consumista ha priorizado la cantidad sobre la calidad de vida, promoviendo un consumo ilimitado que no siempre garantiza bienestar.
Jean Baudrillard (1988, 2001) también resalta que el consumo está más relacionado con el deseo de ser un determinado tipo de persona que con la satisfacción de una necesidad biológica. En este sentido, los objetos que adquirimos tienen un significado más allá de su función; representan una forma de diferenciarnos o asemejarnos a ciertos grupos sociales.
Sin embargo, este modelo ha llevado a una crisis que no es solo económica, sino también cultural y de valores. Por ende, resulta fundamental replantearnos nuestro papel como consumidores y adoptar prácticas más responsables. Marcel Mauss (1971) propone una alternativa con su teoría del "ciclo del don", en la que el intercambio de bienes no se basa en el lucro, sino en la solidaridad y la reciprocidad social.
En conclusión podemos decir que el consumismo no es solo un reflejo del desarrollo económico, sino un fenómeno complejo que involucra factores sociales, psicológicos y simbólicos. La clave está en reconocer su impacto y explorar formas de consumo más sostenibles y equitativas.
Referencia Bibliográfica
Rodríguez Díaz, S. (2012). Consumismo y sociedad: una visión crítica del homo consumens.

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